Amoníaco (NH₃)
Se puede medir con:
✓ medible con el air-Q Science o el sensor individual amoníaco.
air-Q con un sensor para Amoníaco
Descripción:
En concentraciones bajas, el amoníaco irrita los ojos y los órganos respiratorios; en concentraciones altas es incluso corrosivo y supone peligro de muerte.
El efecto irritante aparece ya a una concentración de 200 ppm (partes por millón). Se manifiesta con tos e irritación de nariz y garganta.
A partir de 1500 ppm, el gas es muy nocivo, incluso mortal para las personas.
Con una proporción del 16-27 % en el aire ambiente existe además riesgo de explosión.
Las mayores cantidades de amoníaco se liberan en los países industrializados en la agricultura, ya que el amoníaco sirve de materia prima para muchos fertilizantes. Así se propaga por el aire y se une a partículas y contaminantes atmosféricos, generando partículas finas.
El amoníaco también constituye la base química de muchas otras sustancias, por ejemplo para la fabricación de plásticos y fibras sintéticas, disolventes y productos de acabado de superficies. Por ello, también se encuentran muy a menudo emanaciones de amoníaco en interiores.
Valores límite del amoníaco:
En el aire ambiente, la proporción de amoníaco varía según la cercanía geográfica a la industria y la agricultura. De media, está por debajo de la concentración recomendada de 1 ppm.
El umbral de percepción olfativa del amoníaco en humanos es de 1 a 5 mg/m³ (= 0,16-0,84 ppm). Concentraciones altas de alrededor de 100 ppm se perciben tan desagradables que las reacciones de pánico son la norma. Como valor límite de exposición laboral (AGW) se establece 14 mg/m³ (= 20 ppm).
| Denominación | Valores límite amoniaco |
| Recomendación de la Agencia Federal de Medio Ambiente para aire exterior | <700 µg/m³ (1 ppm) |
| Valor límite según el reglamento alemán de protección animal en ganadería (TierSchNutztV) | 14.000 µg/m³ (20 ppm) |
| Valor límite de exposición laboral (AGW) | 14.000 µg/m³ (20 ppm) |
Consecuencias de una concentración demasiado alta:
El amoníaco provoca graves quemaduras en piel, ojos y vías respiratorias. Tos, náuseas, dolor de cabeza, trastornos del olfato y aumento de la salivación pueden ser indicios de una concentración de amoníaco demasiado alta.
Con un tiempo de contacto superior a 15 minutos ya existe un riesgo elevado para la piel. También pueden producirse daños en los ojos, el sistema inmunitario y el tracto gastrointestinal por exposición prolongada.
Como medida de protección se recomienda ventilar regularmente las estancias donde se utilizan gases de amoníaco, para evitar falta de oxígeno o concentraciones de gas peligrosas.
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Origen del NH₃:
El amoníaco solo existe de forma natural como gas libre en pequeñas cantidades. Se forma principalmente en la descomposición de plantas y excrementos. En la piel y el estómago humano también hay amoníaco en cantidades muy pequeñas, como producto metabólico de bacterias.
Como materia prima de numerosos compuestos químicos, el amoníaco se produce industrialmente a gran escala. Se obtiene bajo alta presión y alta temperatura a partir de los elementos nitrógeno e hidrógeno (proceso Haber-Bosch): en 2017, por ejemplo, se produjeron 150 millones de toneladas en todo el mundo.
Sensor utilizado:
El amoníaco se mide en el air-Q mediante un sensor electroquímico. Las moléculas de NH₃ se «acoplan» a la superficie del sensor y provocan una corriente medible. El sensor de amoníaco elegido por nosotros tiene una precisión muy alta. La desventaja de todos los sensores electroquímicos son las sensibilidades cruzadas. La única sensibilidad cruzada conocida del sensor de NH₃ es el sulfuro de hidrógeno: si hay H₂S presente, también se indica un aumento de NH₃.
Medir amoníaco:
Mide con el analizador de aire air-Q el amoníaco y otros gases y contaminantes del aire interior en tiempo real. El sensor de amoníaco se puede pedir en la tienda.
¿A qué huele el amoníaco? Un olor inconfundible
El amoníaco es un compuesto químico que se utiliza a menudo en productos de limpieza y procesos industriales. Pero ¿a qué huele el amoníaco exactamente? Muchas personas se hacen esta pregunta, especialmente cuando entran en contacto con esta sustancia por primera vez. El olor del amoníaco es muy característico y fácil de identificar. Se suele describir como intenso y picante, similar al olor de la orina o del sudor fuerte. Esta intensa percepción olfativa se debe a las volátiles moléculas de amoníaco, que se propagan rápidamente en el aire.
El olor del amoníaco no solo es desagradable, sino que también puede tener efectos en la salud. Ya con concentraciones bajas, el amoníaco puede irritar los ojos, la nariz y la garganta. Con concentraciones más altas puede provocar dificultades respiratorias, tos y, en casos extremos, daños pulmonares. Por eso es importante, al manipular productos con amoníaco, procurar una ventilación suficiente y, si es necesario, tomar medidas de protección.
En la naturaleza, el amoníaco está presente en pequeñas cantidades, por ejemplo en la descomposición de material orgánico. Pero el olor suele percibirse solo con concentraciones más altas, como las que se dan en productos de limpieza domésticos o aplicaciones industriales. Si te preguntas a qué huele el amoníaco, imagina un olor que llama inmediatamente la atención y provoca las ganas de respirar aire fresco.
Para quienes trabajan con amoníaco o lo usan en su hogar, es importante reconocer el olor y saber cómo manejarlo de forma segura. Comprender el olor característico del amoníaco puede ayudar a evitar peligros potenciales y a garantizar que se trabaje o viva en un entorno seguro.
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