Calidad del aire

Calidad del aire: ¿qué influencia tiene la calidad del aire en nuestra vida?

La influencia de la calidad del aire en nuestra salud y rendimiento no debe subestimarse. El aire exterior se controla regularmente en Alemania. Pero para los espacios interiores apenas existen dispositivos de medición de la calidad del aire fiables.

Persona de pie en una habitación oscura frente a una ventana
Maria Heß

Poder analizar la calidad del aire que respiramos en sus distintos componentes es para nosotros una preocupación urgente. La pregunta es: ¿qué influencia tiene la calidad del aire en nuestra vida? Por eso fundamos Corant GmbH. Como expertos en la investigación y el desarrollo de tecnología de sensores compleja, decidimos diseñar con el air-⁠Q un analizador de aire fiable y completo.


Cuando la composición del aire se convierte en contaminación del aire

En Europa, las personas pasan de media el 90 % de su tiempo en espacios interiores. Esto significa que cada persona inhala entre 12 y 24 kg de aire al día. Por este motivo, la calidad del aire interior es de importancia decisiva.

La composición del aire se compone en su mayor parte de nitrógeno, oxígeno y dióxido de carbono. Además, se acumulan monóxido de carbono, óxidos de azufre, metano y ozono. El polen, las esporas, las partículas finas y los compuestos orgánicos volátiles también desempeñan un papel importante en la determinación de la calidad del aire. Muchos de estos contaminantes alteran de forma duradera la composición del aire (y sus efectos). Se generan por el tráfico rodado y las instalaciones industriales. Además, muchos materiales de construcción y pinturas de pared, objetos de plástico y aparatos eléctricos también liberan sustancias nocivas al aire que respiramos. Asimismo, la temperatura, la humedad del aire y el nivel de presión sonora tienen efectos considerables en la calidad del aire y, por tanto, en nuestro bienestar.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS), la contaminación del aire se considera el riesgo sanitario ambiental más grave del mundo. Desde 1958, la OMS estudia la calidad del aire en Europa. Sobre la base de sus numerosas observaciones, en 1987 analizó un total de 28 contaminantes orgánicos e inorgánicos que pueden ser responsables de la contaminación del aire. Para proteger la salud pública, la OMS publicó directrices sobre estas sustancias. Estas no solo informan a partir de qué concentración de contaminantes la composición del aire puede resultar nociva para las personas. También pretenden ayudar a eliminar o al menos reducir los contaminantes, contrarrestando así la contaminación del aire. En 2006 se publicaron finalmente directrices específicas para el aire interior. Las primeras directrices de la OMS sobre la calidad del aire interior, centradas en la humedad y la formación de moho, se publicaron en 2009.

Aunque la OMS otorga gran importancia al tema de la calidad del aire, hasta ahora faltan dispositivos de medición adecuados para determinar con precisión la carga de contaminantes. Los dispositivos de medición de la calidad del aire disponibles actualmente en el mercado pueden detectar cuándo se superan determinados valores límite. Sin embargo, carecen de los sensores necesarios para medir por separado los distintos componentes del aire que respiramos. Por ello, desarrollamos el air-⁠Q. Con sus numerosos sensores, puede medir individualmente y en tiempo real los contaminantes presentes en el aire respirado, así como ofrecer datos fiables sobre el volumen/ruido, la humedad del aire y la formación de humo.

Una mala calidad del aire, que puede llegar a ser contaminación del aire, puede tener graves repercusiones en nuestra salud y nuestro rendimiento

Los componentes del aire pueden tener un efecto duradero en nuestro bienestar. Por un lado, nuestro rendimiento puede verse afectado. Por otro, pueden aparecer problemas de salud.

Una mala calidad del aire, que puede llegar a ser contaminación del aire, no solo se percibe como desagradable. También perjudica la capacidad de concentración y, por tanto, la productividad. Las causas de un aire de mala calidad radican, además de en olores molestos, en temperaturas demasiado altas o bajas, una humedad del aire demasiado escasa o excesiva y, por supuesto, un nivel de ruido demasiado elevado. Sin embargo, la mayor influencia en este contexto la ejerce probablemente la concentración de dióxido de carbono (CO₂). Por ello, renovar el aire viciado es de enorme importancia. No obstante, al ventilar siempre hay que procurar que los contaminantes, el ruido y el calor procedentes del exterior no empeoren aún más la calidad del aire en la habitación.

Los problemas de concentración suelen ir acompañados de una falta de bienestar que puede llegar hasta molestias físicas. Las mucosas irritadas, los ojos que pican y las irritaciones cutáneas se encuentran entre las consecuencias menos graves. Por un lado, una mala calidad del aire puede agravar considerablemente los síntomas en personas afectadas por alergias o trastornos respiratorios crónicos. Por otro lado, una exposición prolongada a contaminantes provoca enfermedades graves de las vías respiratorias, pero también del sistema cardiovascular. Además, existe el riesgo de que se desencadenen o al menos se agraven trastornos psicológicos, por ejemplo, debido a un exceso de ruido.

Próximamente publicaremos en nuestro blog más artículos sobre la nocividad de los componentes del aire, en forma de serie continua.

(Imagen: unsplash/ Sasha Freemind)